Libros Regurgitados

Si nadie se opone, optaré por vomitar

Salvar a Chet, a Dumont y claro, a los elefantes

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                  No sé si será mi falta de buen gusto, o si es la belleza de la trompeta de un drogadicto, quizás sean las trompas de los elefantes, o las voces en mi cabeza. Salvar a los elefantes de Luis Enrique Belmonte me ha dejado como la nevera, inútil por un acalorado verano. Es una novela que me gritaron que no leyera, que no valía la pena. Grata resultó la desobediencia.

Se sienten dos voces, una situación (ajena al texto) que alteró por completo el estilo narrativo del autor, nos muestra ese loco del que nos habla. Dumont hace presencia como esa segunda voz, apartir del quinto o sexto capítulo. La locura de este hombre se ven en monólogos atemporales, la narración a futuro de sucesos ocurridos. La desesperación en la música que se oye de fondo, desde Delft hasta su apartamento en Barcelona. Y estos son simples retazos de la solitud de un hombre que solo quiere que lo acompañen a salvar a los elefantes. Una locura que se siente verosímil, cosa sorprendente.

Se maneja dentro de imágenes fuertes que sumados a su volátil final no dan más que decir que «coño, como duele querer volar». El cotidiano se hace magnífico en la pluma de nuestro autor, mostrándonos nada más retazos de una ciudad y de una especie de viaje interno y externo del protagonista, ambas marcadas de manera importante por el cambio de tono en el estilo narrativo.

Con la esquizofrénica narración incluida, es imposible perder verdaderamente el hilo de esta historia. Mi lectura pausada me hizo testigo de esto. La novela es redonda, un ouroboros perfecto en el que incluso la pregunta «¿Qué tienen en común una nevera que gotea, una novia que se ha ido a Delft, el impulso de adoptar un elefantito huérfano, los diálogos con un psicoanalista llamado precisamente Boltanski y una serie de crímenes irresueltos ocurridos un tórrido verano en un barrio barcelonés?» se responde a sí misma en un final fotográfico. Es cinematografía pura lo que se narra, las imágenes son precisas, sin redundancias y los excesos son necesarios para la sensibilidad de nuestro querido narrador. Una cantidad de personajes desaparecen sin más de la narración, es una de las cosas que debo de criticar, sin embargo sus ausencias no fueron dolorosas, quizás ni sentidas. La musicalidad de fondo que emana esta obra es una delicia que flota entre los dos planos de la «erudición» musical o cultural: el jazz y la música clásica que suenan rellenando los silencios de una obra con muchos pasos callados.

En fin, quizás si quise volar, pero no lo hice. Aún tengo que salvar a unos elefantes, porque están lejos, y porque los pandas son unos pretenciosos poco libidosos. Aun me creo a la Sra. Sheldrick, lástima que el narrador ya no. Quisiera dormir acurrucado por su inservible nevera y que el ventilador me recuerde el calor que hace. No volaré, siempre y cuando no deba.

Atentamente, un lector que te escucha Dumont. Gracias Belmonte, muchísimas gracias.
Viktor Almatöj

Post-Data: Los Anexos me quedan pendientes para cuando mi corazón de buey vuelva a funcionar, ya pronto responderé a ellos.

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Una Larga fila de Escritores Patanes, Asesinos, Violadores y Jóvenes Hormonales

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Si me llegase encontrar con el joven que soy ahora, me asesinaré, no solo por el sufrir sino también por las desmesuras en el sentir romántico en las que me obligué a someterme. Rodrigo Blanco Calderón nos narra de manera ejemplar lo que son cinco cuentos basados en lo que yo diría los temores de un escritor comprometidos con las mayores aventuras y corajes de un lector apasionado.

Los personajes allí presentes, sean o no de varias páginas, se reúnen como entes completos, casi vivos si no es por la condición de que forman parte de cuentos, pero que esa misma simpleza que los construye les da vida por fuera de las páginas, les permite caminar entre nosotros, pues sean estereotipados o no, simplemente nos hacen comprometernos con asuntos de lo que cursa por la cabeza tanto del anciano, como del estudiante, del adolescente, del psicópata, el ilustre, etc. Va más allá, valientemente diría yo, al no plantear a personajes ejemplares que resalten, que nos hagan añorar, sino que simplemente nos encontramos con el amigo de la esquina contándonos lo que nunca nos quiso contar y sufriéndola –dentro de lo más coloquial que nos otorga la lengua «venezolana»– en banda, que duro es enfrentarse a esos convives, son más sinceros de lo que me gustaría. Además de ello, cabe resaltar la valiente posición de construir personajes de manera tácita, y aun así darles un nivel importante de protagonismo en cuanto a la historia, por ejemplo la pequeña bastarda cursi, Julia.

En cuanto a la narrativa, su posición inquebrantable ante la primera persona, de manera ilustre, no deja nada que desear, pero me hace sentir un cierto temor a afrontar nuevas fronteras y aún más importante, cruzarlas.

En conclusión, para no arruinar la trama a aquellos que tomaran ese boleto de tren, o se lanzarán por el cruel barranco de Julia, les digo que es una obra de ejecución sorprendente, con una increíble ligereza de lectura que lo hace un libro ligero, pero a su vez lleno de pesadeces y sandeces, como los horrendos poemas que terminan siendo las bolas de basura, anhelando tener algún que otro cuaderno verde adentro, alguna que otra Larga fila de Hombres. Esto sí es literatura venezolana. Gracias Rodrigo por pasearme entre todos esos desquiciados, negadores de sí mismos.

 No soy más que aquello que ose negar de mi mismo, me creó, a fin de cuentas, de la más triste imaginación.

Atentamente, para ese mariquito que nunca llegó a pasar el balón,

Viktor Almatöj.

Frente al Espejo en el que se ve Todo Distinto.

 

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Un cuarto mundo en el que no quiero nacer, por la despersonalización que se hace propia y la desaparición del similar que crea a un uno deforme y trastornado que irriga, en la guerra y el amor, sus más absurdos pesares y las más elocuentes pasiones. Existe ahora en mi mente una ligera y fina línea que divide al deseo del apetito, y al amor del temor, tan fina como las diferencias al apoyar un espejo frente a otro, pero tan extensa y compleja como las repeticiones que ocurren entre ellos.

El Cuarto Mundo de Diamela Eltit, no es un libro, son dos. Estos, yacen independientes en su lectura, pero dependientes en su entendimiento y en su composición. Hay en ellos una moneda de la que te enteras de dos caras. Es mi deber decirles que en este texto aquello que parecía firme se torno endeble y viceversa. Dentro de su primera etapa nos encontramos con la elocuencia de la palabra, la poesía, el miedo y el raciocinio, donde la mente se hace presente en todos los aspectos y el uso del método en toda acción a realizar nos muestra una condición de “Cuadrado” o un mundo con estas características, mientras que en el segundo capítulo nos encaramos al pasional femenino que nos rodea, sumamente agresivo, que aun sin perder sus sutilezas, te aleja de los conceptos preconcebidos y te sumerge en el mundo absurdo, paranoico y hormonal de adolescente que maquina de manera obsesiva todo aquello que lo rodea y que es recibido cualquier estimulo como amenaza, aún mas importante, de la mujer adolescente.

La narrativa es sumamente personal, creo yo, y podría casi ser carente de estilo pues la personificación de un solo ente en dos personajes que viven y se desarrollan de manera distinta ocurre de forma esclarecedora, mientras que el trabajo de la expresión en primera persona es absoluto, y la narración no presenta complicaciones que te dificulten el ya complejo laberinto emocional, físico y mental en el que te adentras al leer la novela.

A nivel conceptual caben resaltar seis ideas o términos que a lo largo de la obra se tornan a mí parecer fundamentales: el amor fraternal, el deseo, el sexo, el amor pasional, el odio, la violencia, la paternidad, etc.

Considero que en el caso del amor fraternal la obra es complejamente abordada por variedad de argumentos que a lo largo de toda la novela se tornan inconstante, en vista de que la autora desarrolla unos principios morales cuyo surgimiento son de procedencia desconocida para los simples lectores que somos, pues ella toma el razonamiento de un ser recién consumado y le otorga de moral y libertad de pensamiento pleno, vale acatar que no denigro su planteamiento, solo que su complejo entendimiento en nuestro plano hace que el mismo se vea absorto dentro de la novela, sobre todo por las condiciones bajo las cuales se desarrollan ambos fetos en el vientre. La capacidad de autoconcepción me muestra una especie de condición humana en la cual la personalidad del ser se ve determinada gracias a la influencia de los estímulos externos e internos que reciben los aun no nacidos. A raíz de esto debo acotar que dentro de este concepto los productos ocurridos de tan compleja ecuación son observables y analizables a lo largo de toda la obra de una manera obvia, como es en el caso de los gemelos, la madre, la hija, el padre, y su hermana menor, donde reacciones ya conocidas en el rutinario mundo en el que vivo se me hicieron claras ante tal representación.

Por otro lado, todo aquello representativo de la pasión, del sexo, del deseo, la violencia, etc. Se ve caracterizado dentro de un simple, pero oculto planteamiento. No se expresa, dicho concepto, dentro de lo considerado simple u obvio debido a que la condición de estos son de por sí tomados como un tabú, por lo que el hombre y el ser en la obra se escabulle de estos instintos primales para evitar que florezcan, aunque al igual que en la vida real, fracasan rotundamente, pues son aquellos ritmos de tambor que retumban el corazón, o aquella llamarada que nutre los ojos y enamora del cinto para abajo, los que llaman al salvaje, los que lo invitan a bailar. La violencia principalmente es observada con sumo desinterés, pero también con constante presencia. La violencia se hace rutinaria, gestual, física y mentalmente ya que va afectando a todos los personajes y se vuelve una constante que enajena a todos aquellos que participan dentro de este extraño circo de un mundo “civilizado” engañándolos con eufemismos de lo que alguna ves fue llamado el primer vinculo social, la familia.

Por último, la paternidad juega el papel fundamental de estas tragedias narradas, pues en una yace en la tragedia del acto y en otra en la tragedia del hecho que lo causa. El rol fundamental de la paternidad es el afrontar de manera coherente la llegada de un nuevo ser  al vínculo más cercano que uno posee, a pesar de que este requiera de atenciones, vigilancia, cuidados, etc. Que pueden llegar a afectar de manera dramática la forma de vida ya llevada, acercándonos a la desesperación, pero evitando que abandonemos nuestra encuesta por el simple vinculo genético que nos une como más que similares, asco. Así mismo, los personajes del Cuarto Mundo, van más allá, las vinculaciones físicas y emocionales que producen entre ellos llevan a comparecer ante mí como juez como si fuesen uno solo, una misma estructura conformada por distintos pilares de opinión, bravo.

¿Bajo que condiciones ocurre el segundo capitulo?, no lo sé, tampoco me gustaría saberlo en verdad, y ¿las interacciones iniciales son reales o son producto de la interrelación lógica que hace Diamela Eltit por la actuación de dos personajes tanto reales como en su propia ficción?, me gustaría creer lo primero. Este libro se presto para la complacencia del morbo, de la duda y del pequeño adolescente pervertido y curioso que yace en nuestras más intrépidas tripas.

A fin  de cuentas me pareció un libro cuya ejecución fue grandiosa, su nivel de morbo el justo, el manejo del erotismo y de la perversión permitió sentirse lo suficientemente asqueado para no dejar de mirar por mera curiosidad; la construcción de los personajes fue un tanto carente de desarrollo, aunque a lo largo de la novela se nota que el hecho es la relevancia y no el avatar que le representa. Sin embargo me hubiese gustado el poder otorgarle más libertad a ciertos personajes para que estos actuaran mediante la situación y no como meros espectadores, a quienes me gusta llamar las putas de bambalinas. Es mi deber concluir con que el incesto fue mi pan, la violencia mi despertador, y la fraternidad el dolor, majestuosa obra.

Sin embargo, los asesinos que todavía no matan no han empezado a buscarme, basta para que los considere mis hermanos para que sean victimizados.

 

Atentamente,

Viktor Almatöj

El Pueblo Derrumbado a Merced de sus Mosquitos.

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         El desvanecer de un pueblo ante el cataclismo absoluto, en el que sus últimos anhelos sucumben ante el único mal del que un pueblo que presente estos síntomas no tiene escapatoria, el olvido. Esta es la enfermedad que sufre Ortiz, el pueblo donde Miguel Otero Silva narra su historia Casas Muertas. La capital del estado Guárico en Venezuela se derrumba en un abismo tan profundo como las fosas donde residen sus cadáveres, subyugando sus civiles a un mundo estático enajenado del progreso, donde el paso del tiempo es el látigo que azota hacia la muerte a un burro que se quiere dejar morir por el peso que carga, y donde el recuerdo del hermoso pasado de una capital oriunda paso a ser la cámara de tortura donde los pobladores se auto flagelan recordando tiempos mejores, tiempos de vida.

En dicha obra se logra, por las habilidades de su autor, un himno o yugo que carga el pueblo, que carga aquello que se olvida, aquello que desvanece de nuestros recuerdo, el yugo de la esperanza, o el himno que se grita sin sentido por la incapacidad de ser logrado su objetivo de su cantar: el ser recordado.

           Miguel Otero Silva lleva a Ortiz tomándole de la mano durante el final de su camino, mostrando como las enfermedades, el desabastecimiento y el abandono hunden un pequeño mundo sobre sus propios pies. La novela se narra con suma experticia, habilidad y fluidez, pues logra sobrellevar el sufrimiento de este pueblo únicamente a través de la belleza de sus metáforas, lo crudo de sus paisajes y lo suave de sus palabras. Aún así nos muestra como dentro de este microscópico mundo sigue existiendo vida, que aunque desea sucumbir, sigue existiendo. La protagonista, Carmen Rosa, por otro lado, es llevada a la hipérbole de la vitalidad, su deseo de aventura la lleva a buscar aquello que nunca conoció y que cruelmente  le será arrancado por el germen que habita en sus tierras. Es un personaje sumamente complejo y completo, pues posee dentro de sí todas las cualidades aquellas que le otorgan de voluntad y libertad a un ser. En cambio los habitantes de este penitente pueblo son simplemente los escombros de un tiempo pasado, los restos andantes de una tierra que fue hermosa, cadáveres que se han olvidado del vivir y, aún más importante, del poseer voluntad. Son así mismo estos personajes, seres que se ven amarrados dentro de este pueblo y sus muros que se desploman, los que no poseen ya la capacidad de cambio a las líneas históricas que se les han dado todas con su respectivo catastrófico final. Existe también dentro de esta novela una descriptiva amplia, nutrida y espectacular en la que una enfermedad se hace palpable y un pueblo cobra vida aunque este ya no la posea, la forma en la que Miguel Otero Silva relata a los habitantes de Ortiz, a sus tierras y sus emociones, te hace desfallecer ante ellos y no sentirte asqueado por sus purulentas cualidades, sino que les otorga de una lástima ajena en la que provoca llorar a sus vivos mas que a sus muertos.

         El autor desarrolla a lo largo de toda la trama distintos conceptos plenamente elaborados entre los cuales se pueden observar asuntos tales como: la adolescencia, las pasiones en confrontación con la religión, el honor, la moral del pueblerino, la decadencia del ser y su entorno, el amor, la corrupción, la enfermedad, la muerte…

         Para mí, humilde y a la vez ruin lector de esta obra, resultó excesivamente esclarecedor todo el procedimiento del desarrollo de Carmen Rosa, su crecimiento de niña a mujer, de la abnegación en las pasiones y la búsqueda absoluta del equilibrio en todo aquello que la rodea. Existe un asunto fundamental que vive entorno a ella, que es el crecer y ver un mundo en decadencia que te retiene con todas sus fuerzas pues eres aquel único benefactor que sostiene con vida unos huesos carentes de alma.

             Aunque por otro lado Miguel Otero Silva trató al gobierno como se debe, crítica tras crítica al caudillo, crítica tras crítica a la mala ejecución, y crítica tras crítica a su ejecución, recordándonos siempre que el fanatismo inconsciente resultará a todas cuentas en la catástrofe de un pueblo, de una nación, o de la más microscópica comunidad.

             Les dejo a manos de la merced de un ruin asesino que constantemente arranca de raíz y sin permiso alguno las pocas esperanzas que le quedan al sufrimiento de un enfermo pueblo, cuyas llagas plagan hasta sus paredes y sus amarillentas pieles, por el paludismo, decrepita todo un panorama sin merced de nadie, los dejo en manos de Miguel Otero Silva y que la vida los acompañe, no pierdan su voluntad ante la muerte que avecina en el estatismo. De todas maneras gracias maestro por tu gran y majestuosa obra.

           Se los digo por experiencia, la muerte me ha traído a mí la prueba absoluta de que uno deja de decaer cuando el polvo vuelve a ser polvo.

Pero mis ficciones serán arrancadas, espero no por un hombre tan cruel.

Por todos esos cadáveres y que los zancudos no osen robar sus vidas,

Atentamente

Viktor Almatöj.

Di una sola cosa que te guste, pero que te guste mucho…

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                El Guardián Entre el Centeno de Jerome David Salinger es vida. Una novela magnífica donde sus personajes te remuerden el ser, mientras eres espectador de una historia que no te compete ni deberías conocer.

Lo primordial y más emblemático de esta obra, a mi parecer, es el desenvolvimiento de un personaje tan completo como Holden Caulfield, un adolescente bastante complejo, el cual desprecia todo aquello que le rodea, aunque al mismo tiempo es capaz de sentir. La sensación de estar perdido, de que los rumbos de la vida desaparecen cada tanto para que lo absurdo y las dudas más simples de uno mismo afloren se desarrollan con tal amplitud que se torna obsesivo ante la idea y los planteamientos observados, haciendo del adolescente un personaje de la vida, alguien a quien conoces, y que por ende puedes despreciar, amar, entender y denigrar. El sentir del joven, rebelde, inconsciente, desapegado… es tan común en todas las etapas de la vida (o por lo menos en las que he podido transitar) que ignorar la influencia de este personaje en un plano ajeno al libro es casi inaudito.

A partir de lo ya mencionado se logra desenvolver, basándose básicamente en la descriptiva, una historia variada, movida y plagada de personajes, cuya la falta de presencia es complementada por una amplia y sublime descriptiva que da Holden en primera persona, y como observador. Debo decir que así como sus personajes son completos, la repetición de muchos diálogos llegó a ser molesta, aunque sinceramente creo que esto formaba parte de las intenciones del autor, pues uno mismo siempre sigue repitiendo argumentos similares hacia lo que desprecia y hacia las personas que uno conoce y simbólicamente pudiese llegar a representar la persecución de la rutina aun en momentos de rebeldía.

Ciertas situaciones concurren en un aspecto de gran magnitud, que creo yo, es el concepto principal o el porqué de la obra a nivel conceptual. Este ‘’porqué’’ es simple y llanamente el desprecio hacia lo hipócrita, lo irreal, lo que no concuerda realmente con una situación, es decir en términos más coloquiales lo forzado. La hipocresía se torna un asunto ambiguo y preocupante para nuestro desprestigiado Holden. A lo largo de la novela se observa la mencionado puesto que nuestro protagonista se ve influenciado por situaciones en las que el mismo se contradice, ve a otros contradecirse y al parecer esto lo saca de quicio, inundándolo de depresiones cuando lo observa en ser queridos, cercanos o estimados.

El asunto emocional y lo sensible de nuestros personajes en realidad nos muestran una frágil línea entre nuestra realidad y la suya, las afecciones que nos trastornan, y que los trastornan a ellos se equiparan en un mismo plano que es dentro de la mente de aquel que lo lee, llevándonos a una vinculación con las situaciones de la historia que se vuelven temibles, preocupantes y hasta desesperantes. Mientras que los conceptos de lo bueno y lo malo se ven difuminados dentro de lo que es el verdadero plano de nuestra realidad solo que reflejado en una obra literaria, ya que asuntos ‘’Tabú’’ resultan cotidianos, como lo son realmente en la vida real.

Esta obra a fin de cuentas te lleva a enternecer, delirar, detestar y lo mas importante, sentir a los personajes que la componen, haciendo tuyas las dolencias de productos de la imaginación, y hacer de esos seres y sus experiencias, que ya no se diferenciar el plano de su existencia, reales y entender que los engaños de la literatura nos pueden hacer reales.

 

A través del centeno, pobre chica,

A través del centeno,

Arrastraba las enaguas.

A través del centeno.

Si dos personas se encuentran

A través del centeno,

Si dos personas se besan.

¿Tiene alguien que llorar?

Si dos personas se encuentran

A través de la cañada;

Si dos personas se besan,

¿Tiene el mundo que saberlo?

Jenny es una pobre chica empapada;

Jenny casi nunca esta seca;

Arrastraba las enaguas,

A través del centeno.

(Robert Burns)

Deben de recordar que no soy mas que un vil producto de la imaginación de un ocioso.

Atentamente,

Viktor Almatöj.

Sombra querida y santa, ya me alejo; descansa en paz… yo volveré mañana.

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Antes que nada, es el más plácido deber para mí, como lector, agradecer a todos aquellos que permitieron la realización de tan maravillosa obra. Uno por uno los nombraré con el respectivo personaje del que narran parte de su vida: En primera instancia a la coordinadora del hermoso proyecto «Rostros de Choroní» Liza López, y ahora a los fantásticos cronistas que narran con pasión en su tinta y lágrimas en sus páginas las desconsoladoras historias de estos emblemáticos personajes del día a día de Choroní: Leoncio Barrios y sus personajes Pedro Liendo y el Tiburón Cobos, Maru Morales y el Gocho Sánchez, Ileana García Mora y, Sebastián Liendo y Adrián Afonzo, Marcy Rangel y Felipe Liendo, Ileana Hernández y, Carmen Saturnina e Iván Anderschon, Yndira Fernández y, María Nuitter y Miguel Bolívar, Fanny López y Hans Soldner, Melanie Pérez y, Olga Iciarte y Rodrigo Machado, Marco Bello y Ernestina Infante, Thamara Jiménez y el Chino Nuitter, Marly Briceño y Juanita Arévalo, de verdad, lo único que puedo darles son las gracias, gracias por maravillarme con los tesoros del pueblo venezolano y los secretos, dolores y alegrías que trajeron a mis manos.

Son historias, son rostros, son maravillas… sentencio así a todo aquel que resida en un pueblo que esconda maravillas y que con esmero busque resguardar sus valores, y, aún mas importante, su historia y tradiciones. Los personajes aquí expuestos representan por ellos mismos la conjetura absoluta de lo que es un pueblo, de esa sociedad colaboradora, echada pa’ alante, que refugia a aquellos que deseen el lecho. En Choroní y sus rostros se pueden apreciar personajes como el fiestero del malecón, la curandera que no se considera como tal; madre de casi todos sus conocidos, la fiel devota madre de las escuelas de fe, los que resguardan los sabores de sus tierras: el cacao, el papelón, sus guarapitas, etc, quienes únicos ya, probablemente se hundan con ellos la tradición, entre todos quienes ilustran y llenan el mundo personal de la gente de Choroní.

Narrados de manera ejemplar se cuenta como estas personas llenan un incompleto rompecabezas de piezas perdidas en el pasado y las que se esperan obtener como nuevas. Sus cronistas nos traen con belleza inocente y objetiva el sentir de esta costa, lo que se sufre, lo que falta, lo que sobra y lo que nos llena, llevándonos a todos los planos históricos de los que se hablan, pues casi toda la obra son comparativas o relatos de un pasado difuso con una perturbada y criticada actualidad.

No es un libro que de por sí te atrape y debas leerlo en una sentada, sino mas bien es como ese café que por las condiciones se prestó para hablar, para contar, para amar…

En fin, me encantó, fue una deliciosa dosis de patria, de la verdadera, la que yace en su pueblo y lucha todos los días por darle flote a su pasado. Vuelvo y repito, muchísimas gracias por su hermoso trabajo realizado de manera ejemplar y gracias a la Casa Nacional de Letras Andrés Bello por propiciarlo.

Adiós. Adiós. Que el viento de la noche.

De frescura y de olores impregnado,

Sobre tu blanco túmulo de piedra

Deje, al pasar, su beso perfumado;

Que te aromen las flores que aquí dejo;

Que tu cama de tierra halles liviana.

Sombra querida y santa, ya me alejo;

Descansa en paz… Yo volveré mañana.

                José Antonio Maitín.

 Atentamente,

Viktor Almatöj.

¡Como Yo Halcón! ¡Como Yo No Más!

El cuento Diamantes y Pedernales de José María Arguedas fue concluido por su servidor durante el llanto de la luna por la sangre derramada de sus hijos. Irónico al ver la historia que leía el orgullo, la ira y la pasión dieron cabida al asesinato desalmado del Upa y dio fin a los cantos de los ruiseñores de un corazón enamorado de un arpa, un ave y de aquel que supiese amarles.

Es difícil reseñar esta historia, por el simple hecho de que se reitera en la misma calidad de la narrativa ya observada previamente en sus cuentos, pero la diferencia se hace notable al ver el egoísmo del amor tan hermosamente planteado por aquel caballero, que era propio solo para aquél que disfrutaba del canto y no para quien recitaba con amor.

El sentimentalismo de este relato nos aleja por deliciosos minutos de la realidad represora de los patrones sobre los comuneros, solo nos transfiere a la pasión por la música y por la inexistente reciprocidad de un amor obligado y manipulado. Arguedas logra llevarme como un avión de papel surcando los falsos cielos de la mente de un niño, a través de millares de emociones, donde el personaje de Mariano te hace surcar las más absolutas desesperaciones del corazón remendado.

Debo concluir pronto, pues me niego a estropear la lectura relatando los hechos, pero es mi deber comentar que el ser humano jamás será capaz de plantear en la ficción una sensación, pero Arguedas hace acercamientos o como intermediario logra maravillas.

Pero que mas da, que podría sentir yo, un producto ficticio de la mente, mas que la desesperación de mi falta de sentir por la inexistencia.

Atentamente,

Viktor Almatöj.

Aunque principal, de chacra extraña, no saca animal de otros.

La segunda historia narrada por José María Arguedas, ”Los Escoleros”, es un relato humilde y conmovedor donde la sensación de familiaridad aflora en una comunidad indígena llamada A’kolas. Su desgarradora trama desemboca en la pasión y el vínculo de la naturaleza con el hombre, en sus pastos, ríos, montañas e incluso animales, culminando con las ansias de justicia reprimidas de los comuneros contra el patrón y todo aquel que le siga, pues crueles y de corazón duro son.

 

Una de las cosas más importantes a resaltar de esta historia es la simplicidad con la que se desarrolla. En personajes como Bankucha, Teofanches,  Juancha o la mismísima ”Gringa” se puede observa esta simplicidad, pues sin necesidad de gran complejidad histórica, ni recurso excesivos, logra plasmar con gran habilidad, vínculos familiares en los que uno puede sentirse incluido, sobre todo por la impecable narración en primera persona.

Sigue tornándose confusa la coloquialidad con la que el relato se desarrolla, pues no permite apreciar tan fluidamente los panoramas allí planteados, aunque al mismo tiempo le agrega un ”inocente” realismo que te sobrecoge y amolda a su mundo.

 

En este caso se expone una cara de la moneda que no había sido develada en la historia previa. La infancia y la adultez son representados como entidades igual de subversivas ante la idea del patrón, solo que en este contexto se desvela unicamente en la idea y no en la práctica, aunque a mi parecer, con mayor deseo y firmeza que en el primer relato.

 

En conclusión puedo decir que me quedé igual de impresionado ante las cualidades de este escrito, aún sin caer en la aburrida y redundante monotonía de la repetición de temas.

 

Esperaré mas sorpresas de este escritor en sus próximas historias con la misma ilusión que la apertura de los regalos en noche buena o la llegada de Tayta Inti sobre todas las montañas.

 

Atentamente.

Viktor.

”…Y la Ene lamía el cuero de su becerrito…”

 

           Debo decir pocas cosas sobre el cuarto relato titulado ”El Barranco” de José María Arguedas. Fue cruel, enternecedor y desafiante para la imaginación, todo al mismo tiempo. En éste se manejan personajes sumamente pesados y de gran fuerza, pero así mismo he de decir que la sutileza con la que se relata me permitió llevar los hechos como si se tratase de algo normal todo aquello que sucedía en la historia, y creo que así es, lo cual me asusta bastante sobre lo depravado del hombre hacia sus bestias.

          Las ficciones de mi mente no cometen atrocidades sobre el inocente, le advierto a los corazones del desfallecido que el hambre y la necesidad te aleja del honor y la moral. Su longitud de dos páginas lastimó mi corazón.

Atentamente.

Viktor.

Warma Kuyay no se puede con Kutu.

     

          El tercer relato de José María Arguedas es magistral. Encantador en muchos aspectos, muestra los desasosiegos de un pobre niño enamorado de las criaturas y de su Justina, teniendo de contrincante la edad, el patrón y Kutu.

Esta historia relata dos situaciones de gran simpleza, a diferencia de sus relatos previos. La primera nos trae consigo el amor, no cualquiera, sino el más sencillo de todos, inocente, y sincero, el amor de un niño, como dice su título, Warma Kuyay. La segunda es el conflicto entre los indígenas por sus jerarquías y habilidades, las cuales ubican a Kutu por encima de Ernesto como indio para unirse con Justina, exceptuando que Kutu es un cobarde ante el patrón.

Debo decir que la narrativa de la historia se realiza en una exquisita primera persona, lo cual le permite a lector unirse a Ernesto y desvivirse por aquello que le duele, lo que siente y a quién ama.

Así concluyo que este corto relato fue un delicioso proceso donde el amor se tornó inocente una vez más.

 

Atentamente.

Viktor.