Días Misántropos.

por Viktor Almatôj

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        Es el reflejo del odio, incomprensible, vulgar y desagradable. La misantropía por definición es el desprecio o desapego de un ser humano hacia los de su misma especie. Días Misántropos de Leonardo Henríquez le da un extraño giro a la palabra.

La trama se desarrolla en manos de un tal Max, cuyo desprecio por los hombres se ve únicamente sosegado ante la presencia de los vicios: el alcohol, el cigarrillo, las drogas, el sexo, el dinero, etc.  Como personaje (al igual que la mayoría) no deja nada que desear, aunque a su vez no deja nada que anhelar. Son carentes de evolución, abnegados en un espacio y tiempo de los cuales son inamovibles. Típicos y repetitivos anti-héroes, tantas veces representados no como carentes de moral, sino defensores de alguna distinta a la socialmente aceptada, estos anti héroes (o como me gustaría englobarlos: megahumanos) son meramente personas naturales, carentes de la moral que no les conviene y cuyas conciencias se ofuscan ante el mas mínimo impulso placentero, se dejan sobrellevar y abandonan todo rastro de civilización, o quizás se alienan en un exceso de esta, quién sabe.

El asunto con las tramas es otro. El método utilizado para atrapar a los personajes en distintos espacios, aunque me pareció un tanto rebuscado, fue sumamente ingenioso, sobre todo por la variedad de los personajes que se hallan en cada escenario. Obligados por una fuerza ajenas a ellos, los personajes  siempre  se hallaban inmersos en situaciones incomodas, sometidos a compartir experiencias por los impulsos tácitos que hacen que dos desconocidos se conozcan.

Se podría decir entonces, que esta obra te atrapa, es veloz, con un sentido de la pertenencia tan voraz (por lo menos en mi caso) que te hace parte de la historia. Quizás es una obra un tanto ”Cliché”, sus panoramas, escenarios y personajes no nos traen nada nuevo, pero a su vez nos traen tanto de nosotros mismos, que ya conocíamos, que nos sobrecogen y al llevarlo a sus respectivas hipérboles podría decirse que nos hace sentir en casa, con un padre que nos asusta, una madre que nos decepciona y una familia que nos lleva a abrazar lo que mas despreciamos de nosotros mismos.

Me atrevo a decir que es una buena obra, donde mi ser se encontró con la mierda que no quería encontrar.

Pero a fin de cuentas, ¿Quién soy yo para juzgar? soy el producto ficticio de la mente.

Atentamente Viktor