Un Nobel al Hambre.

Doy inicio a mi opinión recordando a los aquí presentes que yo, novato del arte, lector sin lengua y sin ojos de reprimenda, he venido a hablar sobre textos de los más grandes, de los más nobles en el arte, sumido en mi más humilde opinión. Sin mayor intención que expresar aquello vivido en experiencias de páginas, en tinta vivida por otras plumas.

Hambre de Knut Hamsun es una obra cuyo dolor de un ‘‘Tal, de no sé qué’’ lleva el espíritu a momentos de suma agonía y aversión por el mero existir, rogando la simple invidencia del ser.

Viviendo los horrores de los pobres y las desventuras de los moralistas, un hombre cuyo nombre jamás es revelado, se sume en la más absoluta despersonificación, creo yo que, con la intención del autor de hacer vivir las situaciones que llegan a ofuscar la razón de este sujeto a su desprevenido lector.

La moral orgullosa del desconocido (como me gusta llamar al protagonista de la novela) lo lleva a torturarse a sí mismo en los más absolutos ayunos y humillaciones, hasta el punto de vomitar aquello que se llevaba a su boca y de descansar en una fría y húmeda habitación, sumido en las tinieblas con ninguna otra compañía que su desagradable y ofuscada razón.

Jugando de tal manera con los sentimientos de dicho personaje, en un vaivén de sueños que son destrozados, llegué a sufrir de manera increíble los desamores de este hombre. Su pasión por la escritura, la llegada de la musa y la pérdida de ésta, al ser arrancada vilmente de su pensar y siendo su única forma de subsistencia, su anhelo de tiempos pasados que fueron mejores y un perenne sentimiento del actuar socialmente bien, me hicieron relacionarme a un punto familiar con él, cosa que resultó desagradable, pero increíble.

Dicho esto debo recordar el amor, el imposible, el más absoluto y puro desconcierto de la mente del hombre. Éste fue perjurado, atacado, alimentado y cuidado, tantas veces, que casi podría llamársele un amor veterano de guerras. Ylajali es el nombre que se le da, Ylajali es el amor, es el símbolo de que más que beneficioso, resulta dolorosa su presencia. Aun así la narrativa utilizada da una muestra tan poética de dicha presencia, que su falta también seria dolorosa y por ende se hace necesaria en la obra, debido a la apacibilidad y calma que provee al lector en sus momentos de estabilidad. Me gustaría decir que alivió casi tanto mi lectura como en aquellos momentos en que la más mínima alegría, con un sentido real, o que un alimento llegaba y permanecía en su/mi cuerpo.

En resultado final, puedo, y me atrevo a decir que Hambre es una obra literaria donde el realismo es casi penetrante, y que aunque yo viva casi 100 años después de la realización de esta obra, ha podido trasmitirme y hacerme sufrir cada instante de las penurias de la vida del desconocido. Y más aún, me ha llevado a conocer los temores del espíritu que espero nunca poseer y este temor me permite decir que Hambre de Knut Hamsun, más que merecedora de un nobel, es merecedora de la mayor reverencia por parte de todo aquél que se atreva a hurgar sus páginas, pero ojo, aun así, no es libro para todos, es doloroso, advierto y doy cuidado a aquel que se atreva, y le digo, sufrirás.

Atentamente Viktor

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