Libros Regurgitados

Si nadie se opone, optaré por vomitar

Mes: enero, 2014

Perdone, señor Walser. Es su dedo. !No puedo olvidarlo¡

La Máquina de Joseph Walser , por Gonçalo M. Tavares,  es una novela impresionante, en todos sus aspectos, incluyendo lo sorpresivamente decepcionante que fue el final. Mas allá de su terrible conclusión, el manejo de la monotonía por parte de Gonçalo Tavares es increíble, su uso para la percepción de lo rutinario en la vida de nuestro sufrido Walser. Por otro lado mantiene una curiosa aunque repetitiva inclusión de conceptos, que a mi parecer, fueron colocados más que con intenciones de explayar un nuevo planteamiento fueron usados como medios para la explicación a nivel conceptual de los hechos que se desarrollaban dentro de la trama. Estos conceptos ya mencionados pueden llevarse hasta una connotación de cualidad filosófica en vista de que plantea situaciones de mayor complejidad a la superficial vista dentro de los hechos. La trama, la ejecución de la obra y su método de narrativa dejaron en mi mucho que desear, sobre todo al ver un concepto tan curioso como el de la Máquina.

La obra nos muestra un mundo lleno de misterios los cuales son abordados de manera tan pasiva que simplemente se pierden los motivos por los cuales deberían de solucionarse dichas situaciones, pero al mismo tiempo estas no carecen de creatividad y si uno se deja llevar lo suficiente logras conseguir la emoción, que yo creo, pertinente para las respectivas escenas. El método con el que se abordan estos momentos es tan monótono que simplemente aburren, pero eliminando esto, son grandes trabajos, lo suficientemente complejos como para volverlo a uno loco.

Muchos conceptos de los que observe, y entendí, me sorprendieron, la maestría explicativa con la que son llevados dentro de la narración (aunque en algunos casos fuera de contexto, pero igual pertinentes) son simplemente magníficos. Y más que por compartir en ciertos sentidos los conceptos explicados, son abordados de tal manera que preferiría decir que los objetivos y características están majestuosamente explicadas y de manera tan simple como para que cualquiera los entendiese, cosa que no es fácil. Entre estos entran: La estética, la utilidad, la muerte y la vida, la soledad, la guerra, la lealtad, la catástrofe, la causa y efecto, etc. Además es importante resaltar que el manejo de las metáforas y de las referencias tacitas a estos conceptos es inigualablemente curiosa, y pudiese llamarle de emblemática tanto para este libro como para su autor.

Dentro de la narrativa le otorgo el derecho de la duda al autor, en vista de que por el tema, de la rutina y el automatismo, se desenvuelve una escritura tan repetitiva pudiese llegar a ser intencional, pero al mismo tiempo, lo llevo a un extremo tan exagerado que simplemente en ciertos momentos provoca dejar de leer. Mientras los conceptos trabajados son utilizados de manera tan participativa (en ciertos casos) dentro de la novela que simplemente regocija el hecho de tener un acercamiento al opinar u conocer del autor sobre los temas de los que habla. Su manejo de la causa y efecto en la obra nos lleva a un casi naturalismo literario que te atormenta, en vista que al ser planteado de manera tan frívola y mecánica, el automatismo se vuelve tanto parte de uno como de los personajes dentro de la obra.

Es mi deber resaltar que su fluidez para el discurso, tanto como para los personajes y para la narración genera que aunque desees dejar de leer no puedas, a pesar del aburrimiento, ya que estos se conectan de manera esplendorosa.

A la altura de los personajes me encuentro un tanto decepcionado, por los inicios de la obra se mostraba un personaje de existencia casi real, pero a lo largo de la obra pierde tanto la cualidad humana que se desvanece la relación con ellos, produciendo una vez más, una lectura tediosa.

A fin de cuentas esta novela no me atrevo a decir que sea mala, primero pues no me creo capaz ni digno, pero si me atrevo a decir que el tedio con el que se desarrolla es simplemente abrumador, y su referencia filosófica por mas majestuosa que fuese debería de utilizarse no únicamente, ni de manera tan abrumadora, en la novela, sino que se pudiese desarrollar de una manera mucho más ejemplar dentro de otros tipos de textos. Al mismo tiempo el abrupto cambio de estilo al final de la novela y su simple, pero al mismo tiempo profundo clímax no produjo en mí ni una milésima de lo que esperaba de una obra de tal caudal con el que ya venía trabajando. No obstante el trabajo a nivel de redacción y de conceptos, y su explicación, como ya dije, es majestuoso. Por ende debo decir que La Máquina de Joseph Walser me volvió durante mi lectura una herramienta más para el funcionamiento de su monótona máquina.

 

Atentamente.

Viktor.

No se habla del Club de la Lucha

Unos golpes nos damos de vez en cuando en la cabeza, para darle sentido a distintos conceptos que su comprensión nos traería calma y felicidad. Chuck Palahniuk en su obra El Club de la Lucha, nos lleva al extremo de este planteamiento, donde el sueño del deseo se hace una personal e inhumana realidad. En este texto, sentimientos como el de pertenencia, aceptación, amor, pasión, desinterés, etc. Son llevados a su cumbre para realizarse en el personaje de Tyler Durden. Mientras que su narrador nos lleva a los trastornos y temores de nuestra cotidianidad, donde el abandono de los queridos por cosas, que aunque sintamos apego por ellas no estamos dispuestos a compartirlas con los que queremos, la inestabilidad, el asco y la pobreza, son el pan de cada día de este hombre cuya maldad se reduce a un insomnio.

La creación de este personaje surreal nos muestra una alienación hacia tan distintos conceptos como es el anarquismo sistemático, la necesidad psicológica de pertenencia, el amor no correspondido y lo desconocido, que nos trae un mar de sentimientos encontrados (o por lo menos en mi caso) que nos ubican en la situación del poderoso narrador, quién logra, a través de la extrapolación de sus necesidades y anhelos, crear un ser, una idea, un grupo, que sacia sus disconformidades con la actualidad que le rodea, sin este ser necesariamente real.

Ya sobre los conceptos trabajados se puede decir que los métodos y medios bajo los cuales se desarrollo, plantean una sociedad represiva debe ser eliminada, derrumbando sus cimientos, principalmente la estigmatización social por la cantidad de bienes y por las condiciones sensoriales. La necesidad de nuestro narrador, y la de Tyler, por derrocar el sistema, surge debido a que las condiciones como el sueño y la pérdida del hogar le hacen perder la cordura y la fe sobre todo aquello que lo mantuviese estable, pues estas cosas materiales, palpables e imperecederas, solo aseguraban una carencia de individualidad donde el hombre se pierde en sus posesiones y sus actos se rigen por la capacidad que estas tengan de obtener más.

Las creaciones, actos y obras absolutas producidas por el hipotético Tyler Durden nos demostraron, como lectores, las debiles y lo temblorosas que son las piernas de los monstruos llamados instituciones, objetos cotidianos que nos traen peligros, amores y desamores que nos protegen de lo palpable, sobre lo sensible que somos ante estímulo abruptos. Se nos fue enseñado lo manipulable que es nuestra realidad y como el desconocimiento de los males, los elimina para nosotros. Pero lo mas importante, la glicerina, como para hacer borrón y cuenta nueva.

En fin, se trata de una obra literaria cuyo esquema y método de escritura resulta netamente innovador. Los conceptos planteados, el manejo y uso de la violencia, que sin llegar a ser excesiva, lo vuelve necesario en la obra. Debo aplaudir el hecho de que tanto los planteamientos, el método de escritura y los personajes con sus cualidades tan bien representados, no dejan nada que desear, pero si continua sorprendiendo a cada paso del avanzar de las paginas.

 

Atentamente.

Viktor.

Adán en ¿México?

 

 

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Adán en el Edén de Carlos Fuentes puede apreciarse como una novela dantesca, catatónica, cruel y sumamente realista. Donde su oratoria te somete a una fluidez que hace experimentar a un sin cesar de emociones cuya similaridad con la realidad te amarra y obliga a no parar de leer.

Me encontré un tanto decepcionado, viniendo del autor, la monotonía con la que inicia el libro. Pero así, me disculpo, al decir que la paciencia con la que fue realizada las descripciones iniciales de los personajes, las situaciones y temas que trata fueron necesarias para producir un final de tal magnitud que le otorgo el titulo del climax mas absoluto que se puede tener como los simples mortales que somos.

Me pareció excesivo el último capítulo, aunque ambicioso por la cantidad de metáforas, no produjo tanto impacto, a mi parecer, como lo hubiese hecho la conclusión del penúltimo capítulo. Sin embargo, la belleza con la que se escribe y la fluidez que mantuvo, incluyendo a un personaje de irrelevancia, pero aún así victima de la situación me dejó maravillado.

El texto puede llevar al lector a experimentar cosas grandiosas, específicamente su explicación del amor y del temor. La creación de dos personajes tocayos fue simplemente maravillosa pues planteo una dualidad entre ellos que da a mostrar dos caras sobre una misma moneda que, según mi opinión, casi todos hemos llegado a conocer.

En el asunto político, por más de que difiera con el autor sobre el buen gobierno, plantea una muy innovadora idea de lo que sería la revolución contra un estado injusto. La mezcla homogénea entre la religión y la política sinceramente me sorprendió y expuso sobre la fe en lo que a mí como lector me pareció un planteamiento aunque lapidario, revolucionario. La unión entre estos dos entes fue simplemente imperceptible, manteniéndose escondida, dando cara en pocas ocasiones a lo largo del texto, esperando mostrar su más absoluta unión practica en el explosivo final.

Lo motivos sentimentales que mueven al personaje durante toda la obra proveen al lector de una unión con éste, logrando conciliarse como uno solo y para que así el realismo social trabajado por Carlos, surja.

La conciliación entre el personaje y el lector a través de la obra le hacen formar parte de esta. Aclaro, a lo que me refiero con formar parte de la trama es de un ente omnisciente que sufre a flor de piel lo que ocurre durante la trama, y que la constante referencia que hace Adán hacia esta resulta en ubicarnos a nosotros mismos, sus lectores, en una posición en la que deseamos y sentimos que podríamos ayudarles.

Localizándonos en México, Carlos Fuentes logró por lo menos conmigo (y me atrevo a creer que con gran parte de su público en Latinoamérica) una afiliación ante los problemas que plantea, ya que estos son comunes y recurrentes en nuestra sociedad latina. Los triángulos amorosos, la corrupción política (especialmente los casos que expone), la problemática de la clase baja y sus necesidades y la decadencia de la alta, y por último el desligue entre los problemas sociales y los individuales hacia y con el individuo, quien sufre de las catástrofes mas no las extingue.

A fin de cuentas me complace decir que la obra de Adán en el Edén fue una sustanciosa lectura, llena de emociones pasivas pero aun así conmovedoras y que la simpleza con la que fue descrita me permitió disfrutarla y asimilarla como propia, uniendo mi realidad con la suya, con una política ajena que se hizo personal.

Atentamente.

Viktor.