Perdone, señor Walser. Es su dedo. !No puedo olvidarlo¡

por Viktor Almatôj

La Máquina de Joseph Walser , por Gonçalo M. Tavares,  es una novela impresionante, en todos sus aspectos, incluyendo lo sorpresivamente decepcionante que fue el final. Mas allá de su terrible conclusión, el manejo de la monotonía por parte de Gonçalo Tavares es increíble, su uso para la percepción de lo rutinario en la vida de nuestro sufrido Walser. Por otro lado mantiene una curiosa aunque repetitiva inclusión de conceptos, que a mi parecer, fueron colocados más que con intenciones de explayar un nuevo planteamiento fueron usados como medios para la explicación a nivel conceptual de los hechos que se desarrollaban dentro de la trama. Estos conceptos ya mencionados pueden llevarse hasta una connotación de cualidad filosófica en vista de que plantea situaciones de mayor complejidad a la superficial vista dentro de los hechos. La trama, la ejecución de la obra y su método de narrativa dejaron en mi mucho que desear, sobre todo al ver un concepto tan curioso como el de la Máquina.

La obra nos muestra un mundo lleno de misterios los cuales son abordados de manera tan pasiva que simplemente se pierden los motivos por los cuales deberían de solucionarse dichas situaciones, pero al mismo tiempo estas no carecen de creatividad y si uno se deja llevar lo suficiente logras conseguir la emoción, que yo creo, pertinente para las respectivas escenas. El método con el que se abordan estos momentos es tan monótono que simplemente aburren, pero eliminando esto, son grandes trabajos, lo suficientemente complejos como para volverlo a uno loco.

Muchos conceptos de los que observe, y entendí, me sorprendieron, la maestría explicativa con la que son llevados dentro de la narración (aunque en algunos casos fuera de contexto, pero igual pertinentes) son simplemente magníficos. Y más que por compartir en ciertos sentidos los conceptos explicados, son abordados de tal manera que preferiría decir que los objetivos y características están majestuosamente explicadas y de manera tan simple como para que cualquiera los entendiese, cosa que no es fácil. Entre estos entran: La estética, la utilidad, la muerte y la vida, la soledad, la guerra, la lealtad, la catástrofe, la causa y efecto, etc. Además es importante resaltar que el manejo de las metáforas y de las referencias tacitas a estos conceptos es inigualablemente curiosa, y pudiese llamarle de emblemática tanto para este libro como para su autor.

Dentro de la narrativa le otorgo el derecho de la duda al autor, en vista de que por el tema, de la rutina y el automatismo, se desenvuelve una escritura tan repetitiva pudiese llegar a ser intencional, pero al mismo tiempo, lo llevo a un extremo tan exagerado que simplemente en ciertos momentos provoca dejar de leer. Mientras los conceptos trabajados son utilizados de manera tan participativa (en ciertos casos) dentro de la novela que simplemente regocija el hecho de tener un acercamiento al opinar u conocer del autor sobre los temas de los que habla. Su manejo de la causa y efecto en la obra nos lleva a un casi naturalismo literario que te atormenta, en vista que al ser planteado de manera tan frívola y mecánica, el automatismo se vuelve tanto parte de uno como de los personajes dentro de la obra.

Es mi deber resaltar que su fluidez para el discurso, tanto como para los personajes y para la narración genera que aunque desees dejar de leer no puedas, a pesar del aburrimiento, ya que estos se conectan de manera esplendorosa.

A la altura de los personajes me encuentro un tanto decepcionado, por los inicios de la obra se mostraba un personaje de existencia casi real, pero a lo largo de la obra pierde tanto la cualidad humana que se desvanece la relación con ellos, produciendo una vez más, una lectura tediosa.

A fin de cuentas esta novela no me atrevo a decir que sea mala, primero pues no me creo capaz ni digno, pero si me atrevo a decir que el tedio con el que se desarrolla es simplemente abrumador, y su referencia filosófica por mas majestuosa que fuese debería de utilizarse no únicamente, ni de manera tan abrumadora, en la novela, sino que se pudiese desarrollar de una manera mucho más ejemplar dentro de otros tipos de textos. Al mismo tiempo el abrupto cambio de estilo al final de la novela y su simple, pero al mismo tiempo profundo clímax no produjo en mí ni una milésima de lo que esperaba de una obra de tal caudal con el que ya venía trabajando. No obstante el trabajo a nivel de redacción y de conceptos, y su explicación, como ya dije, es majestuoso. Por ende debo decir que La Máquina de Joseph Walser me volvió durante mi lectura una herramienta más para el funcionamiento de su monótona máquina.

 

Atentamente.

Viktor.