¡Ayarachicha, Ayarachi!

por Viktor Almatôj

“Cortador de caña”, linóleo, Rafel Tufiño 1951.

 

 

El relato corto de José María Arguedas titulado Agua es una representación a mi parecer coloquial del conflicto entre los terratenientes, patrones, amos o ”Taytas” y sus servidores, la clase obrera, y en este caso específicamente, los grupos o etnias indígenas del territorio peruano. En este relato se muestran de manera esplendorosa los mecanismos jerárquicos que reciben las etnias de San Juan, Utek’ y Tinki. Se muestran situaciones de sumisión, rebelión e inspiración, propiciados de manera esplendorosa por el método de la narrativa bajo la cual se explaya nuestro escritor. Es importante recalcar el hecho de que se utilizan los dialectos indígenas dentro del texto, permitiendole a uno sentirse parte de ellos al entender sus significados a lo largo de la historia. Se debe aplaudir el logró de haber planteado en tan pocas páginas personajes que (Por lo menos en mi caso) se sintieron tan completos, dándole una fluidez que lo vuelve familiar, casi tanto como si uno viviese en San Juan.

A nivel de la narrativa, no me siento a gusto con el estilo utilizado por el autor, pues este exceso de coloquialidad le quita un tanto de fluidez y belleza a la lectura. Así mismo debo resaltar que posee una habilidad impresionante al plantear los escenarios en los que se desenvuelve la historia, pues como ya se dijo te puede llevar a ser un espectador directo o por lo menos trasmitir esa sensación.

Los personajes por otro lado me dejaron pasmados, impresionante la forma en la que describe sus personalidades dentro del desarrollo de la novela sin tener que entrar en descriptivas directas sino funcionando conforme avanza el relato. Hay ciertos personajes, que aunque son secundarios, su presencia causa intriga y uno deseoso de conocerles y ver sus reacciones es incapaz pues no se explican dentro de la obra. El personaje principal, el cantor, simplemente lo recuerdo como una fiera, cargado de tal energía que te puede matar con una sonrisa en el rostro… allí les dejo el ejemplo.

Los conceptos trabajados sobre la rebelión, la opresión, la alegría y el miedo son plasmados de manera obvia, pero no textual, cosa que creo que se le debe aplaudir a la historia. Las situaciones de tensión llevadas al plano de la cotidianidad me llevan a situaciones del día a día en mi país natal, lo cual lleno de emociones durante la lectura. Debo decir con pesar que la historia al ser tan lineal y mantenerse de manera tan firme en un solo plano de la ciudad deja excesivos vacíos que pudieron haberse llenado con un párrafo o dos, aunque al mismo tiempo esa simpleza le permite desarrollar de manera tan esquematizada los hechos y así otorgarle la fluidez con la que se puede leer. La insurrección de los indígenas contra el patrón fue simplemente maravillosa, pues el abandono de tus allegados y el sentimiento de venganza y desesperación se perciben de manera tan pura que me sorprendió.

El final, magnifico final, la conclusión en la que el sentimiento de esperanza ante una posible salvación, y la desesperación del abandono de su gente, es llevado a una primera persona, desconocida, pero por la que aun así te sientes vinculado, fue hermoso. Aunque se desconozcan las características del indio que huye, su escape pareciese ser que busca reconfortar, a mi parecer, su espíritu, que una vez atrapado anhela escapar de entre sus temidas rejas nunca antes perturbadas, así que aplaudo un final tan conmovedor como el de este relato.

Concluyo con alegría el primer relato del libro Cuentos Escogidos de José María Arguedas, por la editorial El Perro y La Rana, con altas expectativas a lo que viene tras su primera historia y anhelando finales tan majestuosos como el allí observado.

 

Atentamente.

Viktor.