Una Larga fila de Escritores Patanes, Asesinos, Violadores y Jóvenes Hormonales

prostibulo

Si me llegase encontrar con el joven que soy ahora, me asesinaré, no solo por el sufrir sino también por las desmesuras en el sentir romántico en las que me obligué a someterme. Rodrigo Blanco Calderón nos narra de manera ejemplar lo que son cinco cuentos basados en lo que yo diría los temores de un escritor comprometidos con las mayores aventuras y corajes de un lector apasionado.

Los personajes allí presentes, sean o no de varias páginas, se reúnen como entes completos, casi vivos si no es por la condición de que forman parte de cuentos, pero que esa misma simpleza que los construye les da vida por fuera de las páginas, les permite caminar entre nosotros, pues sean estereotipados o no, simplemente nos hacen comprometernos con asuntos de lo que cursa por la cabeza tanto del anciano, como del estudiante, del adolescente, del psicópata, el ilustre, etc. Va más allá, valientemente diría yo, al no plantear a personajes ejemplares que resalten, que nos hagan añorar, sino que simplemente nos encontramos con el amigo de la esquina contándonos lo que nunca nos quiso contar y sufriéndola –dentro de lo más coloquial que nos otorga la lengua «venezolana»– en banda, que duro es enfrentarse a esos convives, son más sinceros de lo que me gustaría. Además de ello, cabe resaltar la valiente posición de construir personajes de manera tácita, y aun así darles un nivel importante de protagonismo en cuanto a la historia, por ejemplo la pequeña bastarda cursi, Julia.

En cuanto a la narrativa, su posición inquebrantable ante la primera persona, de manera ilustre, no deja nada que desear, pero me hace sentir un cierto temor a afrontar nuevas fronteras y aún más importante, cruzarlas.

En conclusión, para no arruinar la trama a aquellos que tomaran ese boleto de tren, o se lanzarán por el cruel barranco de Julia, les digo que es una obra de ejecución sorprendente, con una increíble ligereza de lectura que lo hace un libro ligero, pero a su vez lleno de pesadeces y sandeces, como los horrendos poemas que terminan siendo las bolas de basura, anhelando tener algún que otro cuaderno verde adentro, alguna que otra Larga fila de Hombres. Esto sí es literatura venezolana. Gracias Rodrigo por pasearme entre todos esos desquiciados, negadores de sí mismos.

 No soy más que aquello que ose negar de mi mismo, me creó, a fin de cuentas, de la más triste imaginación.

Atentamente, para ese mariquito que nunca llegó a pasar el balón,

Viktor Almatöj.

Anuncios