Libros Regurgitados

Si nadie se opone, optaré por vomitar

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Salvar a Chet, a Dumont y claro, a los elefantes

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                  No sé si será mi falta de buen gusto, o si es la belleza de la trompeta de un drogadicto, quizás sean las trompas de los elefantes, o las voces en mi cabeza. Salvar a los elefantes de Luis Enrique Belmonte me ha dejado como la nevera, inútil por un acalorado verano. Es una novela que me gritaron que no leyera, que no valía la pena. Grata resultó la desobediencia.

Se sienten dos voces, una situación (ajena al texto) que alteró por completo el estilo narrativo del autor, nos muestra ese loco del que nos habla. Dumont hace presencia como esa segunda voz, apartir del quinto o sexto capítulo. La locura de este hombre se ven en monólogos atemporales, la narración a futuro de sucesos ocurridos. La desesperación en la música que se oye de fondo, desde Delft hasta su apartamento en Barcelona. Y estos son simples retazos de la solitud de un hombre que solo quiere que lo acompañen a salvar a los elefantes. Una locura que se siente verosímil, cosa sorprendente.

Se maneja dentro de imágenes fuertes que sumados a su volátil final no dan más que decir que «coño, como duele querer volar». El cotidiano se hace magnífico en la pluma de nuestro autor, mostrándonos nada más retazos de una ciudad y de una especie de viaje interno y externo del protagonista, ambas marcadas de manera importante por el cambio de tono en el estilo narrativo.

Con la esquizofrénica narración incluida, es imposible perder verdaderamente el hilo de esta historia. Mi lectura pausada me hizo testigo de esto. La novela es redonda, un ouroboros perfecto en el que incluso la pregunta «¿Qué tienen en común una nevera que gotea, una novia que se ha ido a Delft, el impulso de adoptar un elefantito huérfano, los diálogos con un psicoanalista llamado precisamente Boltanski y una serie de crímenes irresueltos ocurridos un tórrido verano en un barrio barcelonés?» se responde a sí misma en un final fotográfico. Es cinematografía pura lo que se narra, las imágenes son precisas, sin redundancias y los excesos son necesarios para la sensibilidad de nuestro querido narrador. Una cantidad de personajes desaparecen sin más de la narración, es una de las cosas que debo de criticar, sin embargo sus ausencias no fueron dolorosas, quizás ni sentidas. La musicalidad de fondo que emana esta obra es una delicia que flota entre los dos planos de la «erudición» musical o cultural: el jazz y la música clásica que suenan rellenando los silencios de una obra con muchos pasos callados.

En fin, quizás si quise volar, pero no lo hice. Aún tengo que salvar a unos elefantes, porque están lejos, y porque los pandas son unos pretenciosos poco libidosos. Aun me creo a la Sra. Sheldrick, lástima que el narrador ya no. Quisiera dormir acurrucado por su inservible nevera y que el ventilador me recuerde el calor que hace. No volaré, siempre y cuando no deba.

Atentamente, un lector que te escucha Dumont. Gracias Belmonte, muchísimas gracias.
Viktor Almatöj

Post-Data: Los Anexos me quedan pendientes para cuando mi corazón de buey vuelva a funcionar, ya pronto responderé a ellos.

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Una Larga fila de Escritores Patanes, Asesinos, Violadores y Jóvenes Hormonales

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Si me llegase encontrar con el joven que soy ahora, me asesinaré, no solo por el sufrir sino también por las desmesuras en el sentir romántico en las que me obligué a someterme. Rodrigo Blanco Calderón nos narra de manera ejemplar lo que son cinco cuentos basados en lo que yo diría los temores de un escritor comprometidos con las mayores aventuras y corajes de un lector apasionado.

Los personajes allí presentes, sean o no de varias páginas, se reúnen como entes completos, casi vivos si no es por la condición de que forman parte de cuentos, pero que esa misma simpleza que los construye les da vida por fuera de las páginas, les permite caminar entre nosotros, pues sean estereotipados o no, simplemente nos hacen comprometernos con asuntos de lo que cursa por la cabeza tanto del anciano, como del estudiante, del adolescente, del psicópata, el ilustre, etc. Va más allá, valientemente diría yo, al no plantear a personajes ejemplares que resalten, que nos hagan añorar, sino que simplemente nos encontramos con el amigo de la esquina contándonos lo que nunca nos quiso contar y sufriéndola –dentro de lo más coloquial que nos otorga la lengua «venezolana»– en banda, que duro es enfrentarse a esos convives, son más sinceros de lo que me gustaría. Además de ello, cabe resaltar la valiente posición de construir personajes de manera tácita, y aun así darles un nivel importante de protagonismo en cuanto a la historia, por ejemplo la pequeña bastarda cursi, Julia.

En cuanto a la narrativa, su posición inquebrantable ante la primera persona, de manera ilustre, no deja nada que desear, pero me hace sentir un cierto temor a afrontar nuevas fronteras y aún más importante, cruzarlas.

En conclusión, para no arruinar la trama a aquellos que tomaran ese boleto de tren, o se lanzarán por el cruel barranco de Julia, les digo que es una obra de ejecución sorprendente, con una increíble ligereza de lectura que lo hace un libro ligero, pero a su vez lleno de pesadeces y sandeces, como los horrendos poemas que terminan siendo las bolas de basura, anhelando tener algún que otro cuaderno verde adentro, alguna que otra Larga fila de Hombres. Esto sí es literatura venezolana. Gracias Rodrigo por pasearme entre todos esos desquiciados, negadores de sí mismos.

 No soy más que aquello que ose negar de mi mismo, me creó, a fin de cuentas, de la más triste imaginación.

Atentamente, para ese mariquito que nunca llegó a pasar el balón,

Viktor Almatöj.

Frente al Espejo en el que se ve Todo Distinto.

 

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Un cuarto mundo en el que no quiero nacer, por la despersonalización que se hace propia y la desaparición del similar que crea a un uno deforme y trastornado que irriga, en la guerra y el amor, sus más absurdos pesares y las más elocuentes pasiones. Existe ahora en mi mente una ligera y fina línea que divide al deseo del apetito, y al amor del temor, tan fina como las diferencias al apoyar un espejo frente a otro, pero tan extensa y compleja como las repeticiones que ocurren entre ellos.

El Cuarto Mundo de Diamela Eltit, no es un libro, son dos. Estos, yacen independientes en su lectura, pero dependientes en su entendimiento y en su composición. Hay en ellos una moneda de la que te enteras de dos caras. Es mi deber decirles que en este texto aquello que parecía firme se torno endeble y viceversa. Dentro de su primera etapa nos encontramos con la elocuencia de la palabra, la poesía, el miedo y el raciocinio, donde la mente se hace presente en todos los aspectos y el uso del método en toda acción a realizar nos muestra una condición de “Cuadrado” o un mundo con estas características, mientras que en el segundo capítulo nos encaramos al pasional femenino que nos rodea, sumamente agresivo, que aun sin perder sus sutilezas, te aleja de los conceptos preconcebidos y te sumerge en el mundo absurdo, paranoico y hormonal de adolescente que maquina de manera obsesiva todo aquello que lo rodea y que es recibido cualquier estimulo como amenaza, aún mas importante, de la mujer adolescente.

La narrativa es sumamente personal, creo yo, y podría casi ser carente de estilo pues la personificación de un solo ente en dos personajes que viven y se desarrollan de manera distinta ocurre de forma esclarecedora, mientras que el trabajo de la expresión en primera persona es absoluto, y la narración no presenta complicaciones que te dificulten el ya complejo laberinto emocional, físico y mental en el que te adentras al leer la novela.

A nivel conceptual caben resaltar seis ideas o términos que a lo largo de la obra se tornan a mí parecer fundamentales: el amor fraternal, el deseo, el sexo, el amor pasional, el odio, la violencia, la paternidad, etc.

Considero que en el caso del amor fraternal la obra es complejamente abordada por variedad de argumentos que a lo largo de toda la novela se tornan inconstante, en vista de que la autora desarrolla unos principios morales cuyo surgimiento son de procedencia desconocida para los simples lectores que somos, pues ella toma el razonamiento de un ser recién consumado y le otorga de moral y libertad de pensamiento pleno, vale acatar que no denigro su planteamiento, solo que su complejo entendimiento en nuestro plano hace que el mismo se vea absorto dentro de la novela, sobre todo por las condiciones bajo las cuales se desarrollan ambos fetos en el vientre. La capacidad de autoconcepción me muestra una especie de condición humana en la cual la personalidad del ser se ve determinada gracias a la influencia de los estímulos externos e internos que reciben los aun no nacidos. A raíz de esto debo acotar que dentro de este concepto los productos ocurridos de tan compleja ecuación son observables y analizables a lo largo de toda la obra de una manera obvia, como es en el caso de los gemelos, la madre, la hija, el padre, y su hermana menor, donde reacciones ya conocidas en el rutinario mundo en el que vivo se me hicieron claras ante tal representación.

Por otro lado, todo aquello representativo de la pasión, del sexo, del deseo, la violencia, etc. Se ve caracterizado dentro de un simple, pero oculto planteamiento. No se expresa, dicho concepto, dentro de lo considerado simple u obvio debido a que la condición de estos son de por sí tomados como un tabú, por lo que el hombre y el ser en la obra se escabulle de estos instintos primales para evitar que florezcan, aunque al igual que en la vida real, fracasan rotundamente, pues son aquellos ritmos de tambor que retumban el corazón, o aquella llamarada que nutre los ojos y enamora del cinto para abajo, los que llaman al salvaje, los que lo invitan a bailar. La violencia principalmente es observada con sumo desinterés, pero también con constante presencia. La violencia se hace rutinaria, gestual, física y mentalmente ya que va afectando a todos los personajes y se vuelve una constante que enajena a todos aquellos que participan dentro de este extraño circo de un mundo “civilizado” engañándolos con eufemismos de lo que alguna ves fue llamado el primer vinculo social, la familia.

Por último, la paternidad juega el papel fundamental de estas tragedias narradas, pues en una yace en la tragedia del acto y en otra en la tragedia del hecho que lo causa. El rol fundamental de la paternidad es el afrontar de manera coherente la llegada de un nuevo ser  al vínculo más cercano que uno posee, a pesar de que este requiera de atenciones, vigilancia, cuidados, etc. Que pueden llegar a afectar de manera dramática la forma de vida ya llevada, acercándonos a la desesperación, pero evitando que abandonemos nuestra encuesta por el simple vinculo genético que nos une como más que similares, asco. Así mismo, los personajes del Cuarto Mundo, van más allá, las vinculaciones físicas y emocionales que producen entre ellos llevan a comparecer ante mí como juez como si fuesen uno solo, una misma estructura conformada por distintos pilares de opinión, bravo.

¿Bajo que condiciones ocurre el segundo capitulo?, no lo sé, tampoco me gustaría saberlo en verdad, y ¿las interacciones iniciales son reales o son producto de la interrelación lógica que hace Diamela Eltit por la actuación de dos personajes tanto reales como en su propia ficción?, me gustaría creer lo primero. Este libro se presto para la complacencia del morbo, de la duda y del pequeño adolescente pervertido y curioso que yace en nuestras más intrépidas tripas.

A fin  de cuentas me pareció un libro cuya ejecución fue grandiosa, su nivel de morbo el justo, el manejo del erotismo y de la perversión permitió sentirse lo suficientemente asqueado para no dejar de mirar por mera curiosidad; la construcción de los personajes fue un tanto carente de desarrollo, aunque a lo largo de la novela se nota que el hecho es la relevancia y no el avatar que le representa. Sin embargo me hubiese gustado el poder otorgarle más libertad a ciertos personajes para que estos actuaran mediante la situación y no como meros espectadores, a quienes me gusta llamar las putas de bambalinas. Es mi deber concluir con que el incesto fue mi pan, la violencia mi despertador, y la fraternidad el dolor, majestuosa obra.

Sin embargo, los asesinos que todavía no matan no han empezado a buscarme, basta para que los considere mis hermanos para que sean victimizados.

 

Atentamente,

Viktor Almatöj

El Pueblo Derrumbado a Merced de sus Mosquitos.

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         El desvanecer de un pueblo ante el cataclismo absoluto, en el que sus últimos anhelos sucumben ante el único mal del que un pueblo que presente estos síntomas no tiene escapatoria, el olvido. Esta es la enfermedad que sufre Ortiz, el pueblo donde Miguel Otero Silva narra su historia Casas Muertas. La capital del estado Guárico en Venezuela se derrumba en un abismo tan profundo como las fosas donde residen sus cadáveres, subyugando sus civiles a un mundo estático enajenado del progreso, donde el paso del tiempo es el látigo que azota hacia la muerte a un burro que se quiere dejar morir por el peso que carga, y donde el recuerdo del hermoso pasado de una capital oriunda paso a ser la cámara de tortura donde los pobladores se auto flagelan recordando tiempos mejores, tiempos de vida.

En dicha obra se logra, por las habilidades de su autor, un himno o yugo que carga el pueblo, que carga aquello que se olvida, aquello que desvanece de nuestros recuerdo, el yugo de la esperanza, o el himno que se grita sin sentido por la incapacidad de ser logrado su objetivo de su cantar: el ser recordado.

           Miguel Otero Silva lleva a Ortiz tomándole de la mano durante el final de su camino, mostrando como las enfermedades, el desabastecimiento y el abandono hunden un pequeño mundo sobre sus propios pies. La novela se narra con suma experticia, habilidad y fluidez, pues logra sobrellevar el sufrimiento de este pueblo únicamente a través de la belleza de sus metáforas, lo crudo de sus paisajes y lo suave de sus palabras. Aún así nos muestra como dentro de este microscópico mundo sigue existiendo vida, que aunque desea sucumbir, sigue existiendo. La protagonista, Carmen Rosa, por otro lado, es llevada a la hipérbole de la vitalidad, su deseo de aventura la lleva a buscar aquello que nunca conoció y que cruelmente  le será arrancado por el germen que habita en sus tierras. Es un personaje sumamente complejo y completo, pues posee dentro de sí todas las cualidades aquellas que le otorgan de voluntad y libertad a un ser. En cambio los habitantes de este penitente pueblo son simplemente los escombros de un tiempo pasado, los restos andantes de una tierra que fue hermosa, cadáveres que se han olvidado del vivir y, aún más importante, del poseer voluntad. Son así mismo estos personajes, seres que se ven amarrados dentro de este pueblo y sus muros que se desploman, los que no poseen ya la capacidad de cambio a las líneas históricas que se les han dado todas con su respectivo catastrófico final. Existe también dentro de esta novela una descriptiva amplia, nutrida y espectacular en la que una enfermedad se hace palpable y un pueblo cobra vida aunque este ya no la posea, la forma en la que Miguel Otero Silva relata a los habitantes de Ortiz, a sus tierras y sus emociones, te hace desfallecer ante ellos y no sentirte asqueado por sus purulentas cualidades, sino que les otorga de una lástima ajena en la que provoca llorar a sus vivos mas que a sus muertos.

         El autor desarrolla a lo largo de toda la trama distintos conceptos plenamente elaborados entre los cuales se pueden observar asuntos tales como: la adolescencia, las pasiones en confrontación con la religión, el honor, la moral del pueblerino, la decadencia del ser y su entorno, el amor, la corrupción, la enfermedad, la muerte…

         Para mí, humilde y a la vez ruin lector de esta obra, resultó excesivamente esclarecedor todo el procedimiento del desarrollo de Carmen Rosa, su crecimiento de niña a mujer, de la abnegación en las pasiones y la búsqueda absoluta del equilibrio en todo aquello que la rodea. Existe un asunto fundamental que vive entorno a ella, que es el crecer y ver un mundo en decadencia que te retiene con todas sus fuerzas pues eres aquel único benefactor que sostiene con vida unos huesos carentes de alma.

             Aunque por otro lado Miguel Otero Silva trató al gobierno como se debe, crítica tras crítica al caudillo, crítica tras crítica a la mala ejecución, y crítica tras crítica a su ejecución, recordándonos siempre que el fanatismo inconsciente resultará a todas cuentas en la catástrofe de un pueblo, de una nación, o de la más microscópica comunidad.

             Les dejo a manos de la merced de un ruin asesino que constantemente arranca de raíz y sin permiso alguno las pocas esperanzas que le quedan al sufrimiento de un enfermo pueblo, cuyas llagas plagan hasta sus paredes y sus amarillentas pieles, por el paludismo, decrepita todo un panorama sin merced de nadie, los dejo en manos de Miguel Otero Silva y que la vida los acompañe, no pierdan su voluntad ante la muerte que avecina en el estatismo. De todas maneras gracias maestro por tu gran y majestuosa obra.

           Se los digo por experiencia, la muerte me ha traído a mí la prueba absoluta de que uno deja de decaer cuando el polvo vuelve a ser polvo.

Pero mis ficciones serán arrancadas, espero no por un hombre tan cruel.

Por todos esos cadáveres y que los zancudos no osen robar sus vidas,

Atentamente

Viktor Almatöj.

Di una sola cosa que te guste, pero que te guste mucho…

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                El Guardián Entre el Centeno de Jerome David Salinger es vida. Una novela magnífica donde sus personajes te remuerden el ser, mientras eres espectador de una historia que no te compete ni deberías conocer.

Lo primordial y más emblemático de esta obra, a mi parecer, es el desenvolvimiento de un personaje tan completo como Holden Caulfield, un adolescente bastante complejo, el cual desprecia todo aquello que le rodea, aunque al mismo tiempo es capaz de sentir. La sensación de estar perdido, de que los rumbos de la vida desaparecen cada tanto para que lo absurdo y las dudas más simples de uno mismo afloren se desarrollan con tal amplitud que se torna obsesivo ante la idea y los planteamientos observados, haciendo del adolescente un personaje de la vida, alguien a quien conoces, y que por ende puedes despreciar, amar, entender y denigrar. El sentir del joven, rebelde, inconsciente, desapegado… es tan común en todas las etapas de la vida (o por lo menos en las que he podido transitar) que ignorar la influencia de este personaje en un plano ajeno al libro es casi inaudito.

A partir de lo ya mencionado se logra desenvolver, basándose básicamente en la descriptiva, una historia variada, movida y plagada de personajes, cuya la falta de presencia es complementada por una amplia y sublime descriptiva que da Holden en primera persona, y como observador. Debo decir que así como sus personajes son completos, la repetición de muchos diálogos llegó a ser molesta, aunque sinceramente creo que esto formaba parte de las intenciones del autor, pues uno mismo siempre sigue repitiendo argumentos similares hacia lo que desprecia y hacia las personas que uno conoce y simbólicamente pudiese llegar a representar la persecución de la rutina aun en momentos de rebeldía.

Ciertas situaciones concurren en un aspecto de gran magnitud, que creo yo, es el concepto principal o el porqué de la obra a nivel conceptual. Este ‘’porqué’’ es simple y llanamente el desprecio hacia lo hipócrita, lo irreal, lo que no concuerda realmente con una situación, es decir en términos más coloquiales lo forzado. La hipocresía se torna un asunto ambiguo y preocupante para nuestro desprestigiado Holden. A lo largo de la novela se observa la mencionado puesto que nuestro protagonista se ve influenciado por situaciones en las que el mismo se contradice, ve a otros contradecirse y al parecer esto lo saca de quicio, inundándolo de depresiones cuando lo observa en ser queridos, cercanos o estimados.

El asunto emocional y lo sensible de nuestros personajes en realidad nos muestran una frágil línea entre nuestra realidad y la suya, las afecciones que nos trastornan, y que los trastornan a ellos se equiparan en un mismo plano que es dentro de la mente de aquel que lo lee, llevándonos a una vinculación con las situaciones de la historia que se vuelven temibles, preocupantes y hasta desesperantes. Mientras que los conceptos de lo bueno y lo malo se ven difuminados dentro de lo que es el verdadero plano de nuestra realidad solo que reflejado en una obra literaria, ya que asuntos ‘’Tabú’’ resultan cotidianos, como lo son realmente en la vida real.

Esta obra a fin de cuentas te lleva a enternecer, delirar, detestar y lo mas importante, sentir a los personajes que la componen, haciendo tuyas las dolencias de productos de la imaginación, y hacer de esos seres y sus experiencias, que ya no se diferenciar el plano de su existencia, reales y entender que los engaños de la literatura nos pueden hacer reales.

 

A través del centeno, pobre chica,

A través del centeno,

Arrastraba las enaguas.

A través del centeno.

Si dos personas se encuentran

A través del centeno,

Si dos personas se besan.

¿Tiene alguien que llorar?

Si dos personas se encuentran

A través de la cañada;

Si dos personas se besan,

¿Tiene el mundo que saberlo?

Jenny es una pobre chica empapada;

Jenny casi nunca esta seca;

Arrastraba las enaguas,

A través del centeno.

(Robert Burns)

Deben de recordar que no soy mas que un vil producto de la imaginación de un ocioso.

Atentamente,

Viktor Almatöj.

Sombra querida y santa, ya me alejo; descansa en paz… yo volveré mañana.

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Antes que nada, es el más plácido deber para mí, como lector, agradecer a todos aquellos que permitieron la realización de tan maravillosa obra. Uno por uno los nombraré con el respectivo personaje del que narran parte de su vida: En primera instancia a la coordinadora del hermoso proyecto «Rostros de Choroní» Liza López, y ahora a los fantásticos cronistas que narran con pasión en su tinta y lágrimas en sus páginas las desconsoladoras historias de estos emblemáticos personajes del día a día de Choroní: Leoncio Barrios y sus personajes Pedro Liendo y el Tiburón Cobos, Maru Morales y el Gocho Sánchez, Ileana García Mora y, Sebastián Liendo y Adrián Afonzo, Marcy Rangel y Felipe Liendo, Ileana Hernández y, Carmen Saturnina e Iván Anderschon, Yndira Fernández y, María Nuitter y Miguel Bolívar, Fanny López y Hans Soldner, Melanie Pérez y, Olga Iciarte y Rodrigo Machado, Marco Bello y Ernestina Infante, Thamara Jiménez y el Chino Nuitter, Marly Briceño y Juanita Arévalo, de verdad, lo único que puedo darles son las gracias, gracias por maravillarme con los tesoros del pueblo venezolano y los secretos, dolores y alegrías que trajeron a mis manos.

Son historias, son rostros, son maravillas… sentencio así a todo aquel que resida en un pueblo que esconda maravillas y que con esmero busque resguardar sus valores, y, aún mas importante, su historia y tradiciones. Los personajes aquí expuestos representan por ellos mismos la conjetura absoluta de lo que es un pueblo, de esa sociedad colaboradora, echada pa’ alante, que refugia a aquellos que deseen el lecho. En Choroní y sus rostros se pueden apreciar personajes como el fiestero del malecón, la curandera que no se considera como tal; madre de casi todos sus conocidos, la fiel devota madre de las escuelas de fe, los que resguardan los sabores de sus tierras: el cacao, el papelón, sus guarapitas, etc, quienes únicos ya, probablemente se hundan con ellos la tradición, entre todos quienes ilustran y llenan el mundo personal de la gente de Choroní.

Narrados de manera ejemplar se cuenta como estas personas llenan un incompleto rompecabezas de piezas perdidas en el pasado y las que se esperan obtener como nuevas. Sus cronistas nos traen con belleza inocente y objetiva el sentir de esta costa, lo que se sufre, lo que falta, lo que sobra y lo que nos llena, llevándonos a todos los planos históricos de los que se hablan, pues casi toda la obra son comparativas o relatos de un pasado difuso con una perturbada y criticada actualidad.

No es un libro que de por sí te atrape y debas leerlo en una sentada, sino mas bien es como ese café que por las condiciones se prestó para hablar, para contar, para amar…

En fin, me encantó, fue una deliciosa dosis de patria, de la verdadera, la que yace en su pueblo y lucha todos los días por darle flote a su pasado. Vuelvo y repito, muchísimas gracias por su hermoso trabajo realizado de manera ejemplar y gracias a la Casa Nacional de Letras Andrés Bello por propiciarlo.

Adiós. Adiós. Que el viento de la noche.

De frescura y de olores impregnado,

Sobre tu blanco túmulo de piedra

Deje, al pasar, su beso perfumado;

Que te aromen las flores que aquí dejo;

Que tu cama de tierra halles liviana.

Sombra querida y santa, ya me alejo;

Descansa en paz… Yo volveré mañana.

                José Antonio Maitín.

 Atentamente,

Viktor Almatöj.

”…Y la Ene lamía el cuero de su becerrito…”

 

           Debo decir pocas cosas sobre el cuarto relato titulado ”El Barranco” de José María Arguedas. Fue cruel, enternecedor y desafiante para la imaginación, todo al mismo tiempo. En éste se manejan personajes sumamente pesados y de gran fuerza, pero así mismo he de decir que la sutileza con la que se relata me permitió llevar los hechos como si se tratase de algo normal todo aquello que sucedía en la historia, y creo que así es, lo cual me asusta bastante sobre lo depravado del hombre hacia sus bestias.

          Las ficciones de mi mente no cometen atrocidades sobre el inocente, le advierto a los corazones del desfallecido que el hambre y la necesidad te aleja del honor y la moral. Su longitud de dos páginas lastimó mi corazón.

Atentamente.

Viktor.

Compagnons des mauvais jours, je vous souhaite une bonne nuit.

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   La novela titulada, En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano, fue una exploración del ser en asuntos ajenos, observados de tal manera que ser el espectador u oyente de dicho texto involucra el inmiscuirse en la complejidad de la vida rutinaria y de aquellos que buscan huir de ella, para así, escapar de su pasado. Un suicidio doloroso que arranca, con una cruda amargura, cualquier intención posible de resolver un misterio. Una mujer que sin decir su pasado te lo cuenta con sus pasos. Misterios, de amor, de vida, curiosos y dolorosos, entrañando aquello que te permite crear un mundo entero entorno a estos personajes.

    Realmente el texto se redactó de una manera inusual, sintiéndome incapaz de clasificarlo de manera alguna, pero así mismo me permito llamarlo una novela ligera, magistral, abrumadora y tan apetecible de envolverse en ella, como el café en el que todo comienza. El autor trabaja con conceptos bastantes complejos y los trata de manera sumamente sutil, cosa impresionante, donde permite llevar un tema tan engorroso como el del Eterno Retorno a una situación de vida, que sin necesidad de explicación, te permite saborear los dulces aromas de la revelación que recibe el personaje al lograr desentrañar tan retorcido laberinto.

    Los personajes por otra parte no reciben un extenso tratamiento sobre la descripción de sus vidas, pero esta misma realización permite al narrador desarrollar con tal magnitud el misterio con el que se desarrolla la novela. Así mismo hay una amplia extensión de personajes de todo tipo, que fueron tratados de manera maravillosa para que funcionasen de manera excepcional dentro de la obra.

    La trama a mi parecer dejo un tanto que desear, pues la falta de motivos para los cuales tenga sentido su desenvolvimiento me pareció un aspecto  que fue dejado de lado en la obra, en mi opinión debió de ser mas que un simple cuaderno subrayado y una funesta teoría de los sitios neutrales.

    La redacción, simplemente deliciosa, abrumadora, fue una excelente representación de un estilo lo suficientemente complejo para evitar la obviedad. Resultando en una majestuosa ejecución literaria a mi ingenuo e inexperto parecer.

   Debo decir que esta obra, en conclusión, me llevo a sitios extraños, donde las drogas se mezclan con las historias y viceversa. Y de cómo los sitios neutrales pueden ser aquellos que evocan mas en uno mismo.

Atentamente

Víktor.

Perdone, señor Walser. Es su dedo. !No puedo olvidarlo¡

La Máquina de Joseph Walser , por Gonçalo M. Tavares,  es una novela impresionante, en todos sus aspectos, incluyendo lo sorpresivamente decepcionante que fue el final. Mas allá de su terrible conclusión, el manejo de la monotonía por parte de Gonçalo Tavares es increíble, su uso para la percepción de lo rutinario en la vida de nuestro sufrido Walser. Por otro lado mantiene una curiosa aunque repetitiva inclusión de conceptos, que a mi parecer, fueron colocados más que con intenciones de explayar un nuevo planteamiento fueron usados como medios para la explicación a nivel conceptual de los hechos que se desarrollaban dentro de la trama. Estos conceptos ya mencionados pueden llevarse hasta una connotación de cualidad filosófica en vista de que plantea situaciones de mayor complejidad a la superficial vista dentro de los hechos. La trama, la ejecución de la obra y su método de narrativa dejaron en mi mucho que desear, sobre todo al ver un concepto tan curioso como el de la Máquina.

La obra nos muestra un mundo lleno de misterios los cuales son abordados de manera tan pasiva que simplemente se pierden los motivos por los cuales deberían de solucionarse dichas situaciones, pero al mismo tiempo estas no carecen de creatividad y si uno se deja llevar lo suficiente logras conseguir la emoción, que yo creo, pertinente para las respectivas escenas. El método con el que se abordan estos momentos es tan monótono que simplemente aburren, pero eliminando esto, son grandes trabajos, lo suficientemente complejos como para volverlo a uno loco.

Muchos conceptos de los que observe, y entendí, me sorprendieron, la maestría explicativa con la que son llevados dentro de la narración (aunque en algunos casos fuera de contexto, pero igual pertinentes) son simplemente magníficos. Y más que por compartir en ciertos sentidos los conceptos explicados, son abordados de tal manera que preferiría decir que los objetivos y características están majestuosamente explicadas y de manera tan simple como para que cualquiera los entendiese, cosa que no es fácil. Entre estos entran: La estética, la utilidad, la muerte y la vida, la soledad, la guerra, la lealtad, la catástrofe, la causa y efecto, etc. Además es importante resaltar que el manejo de las metáforas y de las referencias tacitas a estos conceptos es inigualablemente curiosa, y pudiese llamarle de emblemática tanto para este libro como para su autor.

Dentro de la narrativa le otorgo el derecho de la duda al autor, en vista de que por el tema, de la rutina y el automatismo, se desenvuelve una escritura tan repetitiva pudiese llegar a ser intencional, pero al mismo tiempo, lo llevo a un extremo tan exagerado que simplemente en ciertos momentos provoca dejar de leer. Mientras los conceptos trabajados son utilizados de manera tan participativa (en ciertos casos) dentro de la novela que simplemente regocija el hecho de tener un acercamiento al opinar u conocer del autor sobre los temas de los que habla. Su manejo de la causa y efecto en la obra nos lleva a un casi naturalismo literario que te atormenta, en vista que al ser planteado de manera tan frívola y mecánica, el automatismo se vuelve tanto parte de uno como de los personajes dentro de la obra.

Es mi deber resaltar que su fluidez para el discurso, tanto como para los personajes y para la narración genera que aunque desees dejar de leer no puedas, a pesar del aburrimiento, ya que estos se conectan de manera esplendorosa.

A la altura de los personajes me encuentro un tanto decepcionado, por los inicios de la obra se mostraba un personaje de existencia casi real, pero a lo largo de la obra pierde tanto la cualidad humana que se desvanece la relación con ellos, produciendo una vez más, una lectura tediosa.

A fin de cuentas esta novela no me atrevo a decir que sea mala, primero pues no me creo capaz ni digno, pero si me atrevo a decir que el tedio con el que se desarrolla es simplemente abrumador, y su referencia filosófica por mas majestuosa que fuese debería de utilizarse no únicamente, ni de manera tan abrumadora, en la novela, sino que se pudiese desarrollar de una manera mucho más ejemplar dentro de otros tipos de textos. Al mismo tiempo el abrupto cambio de estilo al final de la novela y su simple, pero al mismo tiempo profundo clímax no produjo en mí ni una milésima de lo que esperaba de una obra de tal caudal con el que ya venía trabajando. No obstante el trabajo a nivel de redacción y de conceptos, y su explicación, como ya dije, es majestuoso. Por ende debo decir que La Máquina de Joseph Walser me volvió durante mi lectura una herramienta más para el funcionamiento de su monótona máquina.

 

Atentamente.

Viktor.

No se habla del Club de la Lucha

Unos golpes nos damos de vez en cuando en la cabeza, para darle sentido a distintos conceptos que su comprensión nos traería calma y felicidad. Chuck Palahniuk en su obra El Club de la Lucha, nos lleva al extremo de este planteamiento, donde el sueño del deseo se hace una personal e inhumana realidad. En este texto, sentimientos como el de pertenencia, aceptación, amor, pasión, desinterés, etc. Son llevados a su cumbre para realizarse en el personaje de Tyler Durden. Mientras que su narrador nos lleva a los trastornos y temores de nuestra cotidianidad, donde el abandono de los queridos por cosas, que aunque sintamos apego por ellas no estamos dispuestos a compartirlas con los que queremos, la inestabilidad, el asco y la pobreza, son el pan de cada día de este hombre cuya maldad se reduce a un insomnio.

La creación de este personaje surreal nos muestra una alienación hacia tan distintos conceptos como es el anarquismo sistemático, la necesidad psicológica de pertenencia, el amor no correspondido y lo desconocido, que nos trae un mar de sentimientos encontrados (o por lo menos en mi caso) que nos ubican en la situación del poderoso narrador, quién logra, a través de la extrapolación de sus necesidades y anhelos, crear un ser, una idea, un grupo, que sacia sus disconformidades con la actualidad que le rodea, sin este ser necesariamente real.

Ya sobre los conceptos trabajados se puede decir que los métodos y medios bajo los cuales se desarrollo, plantean una sociedad represiva debe ser eliminada, derrumbando sus cimientos, principalmente la estigmatización social por la cantidad de bienes y por las condiciones sensoriales. La necesidad de nuestro narrador, y la de Tyler, por derrocar el sistema, surge debido a que las condiciones como el sueño y la pérdida del hogar le hacen perder la cordura y la fe sobre todo aquello que lo mantuviese estable, pues estas cosas materiales, palpables e imperecederas, solo aseguraban una carencia de individualidad donde el hombre se pierde en sus posesiones y sus actos se rigen por la capacidad que estas tengan de obtener más.

Las creaciones, actos y obras absolutas producidas por el hipotético Tyler Durden nos demostraron, como lectores, las debiles y lo temblorosas que son las piernas de los monstruos llamados instituciones, objetos cotidianos que nos traen peligros, amores y desamores que nos protegen de lo palpable, sobre lo sensible que somos ante estímulo abruptos. Se nos fue enseñado lo manipulable que es nuestra realidad y como el desconocimiento de los males, los elimina para nosotros. Pero lo mas importante, la glicerina, como para hacer borrón y cuenta nueva.

En fin, se trata de una obra literaria cuyo esquema y método de escritura resulta netamente innovador. Los conceptos planteados, el manejo y uso de la violencia, que sin llegar a ser excesiva, lo vuelve necesario en la obra. Debo aplaudir el hecho de que tanto los planteamientos, el método de escritura y los personajes con sus cualidades tan bien representados, no dejan nada que desear, pero si continua sorprendiendo a cada paso del avanzar de las paginas.

 

Atentamente.

Viktor.