Libros Regurgitados

Si nadie se opone, optaré por vomitar

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Adán en ¿México?

 

 

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Adán en el Edén de Carlos Fuentes puede apreciarse como una novela dantesca, catatónica, cruel y sumamente realista. Donde su oratoria te somete a una fluidez que hace experimentar a un sin cesar de emociones cuya similaridad con la realidad te amarra y obliga a no parar de leer.

Me encontré un tanto decepcionado, viniendo del autor, la monotonía con la que inicia el libro. Pero así, me disculpo, al decir que la paciencia con la que fue realizada las descripciones iniciales de los personajes, las situaciones y temas que trata fueron necesarias para producir un final de tal magnitud que le otorgo el titulo del climax mas absoluto que se puede tener como los simples mortales que somos.

Me pareció excesivo el último capítulo, aunque ambicioso por la cantidad de metáforas, no produjo tanto impacto, a mi parecer, como lo hubiese hecho la conclusión del penúltimo capítulo. Sin embargo, la belleza con la que se escribe y la fluidez que mantuvo, incluyendo a un personaje de irrelevancia, pero aún así victima de la situación me dejó maravillado.

El texto puede llevar al lector a experimentar cosas grandiosas, específicamente su explicación del amor y del temor. La creación de dos personajes tocayos fue simplemente maravillosa pues planteo una dualidad entre ellos que da a mostrar dos caras sobre una misma moneda que, según mi opinión, casi todos hemos llegado a conocer.

En el asunto político, por más de que difiera con el autor sobre el buen gobierno, plantea una muy innovadora idea de lo que sería la revolución contra un estado injusto. La mezcla homogénea entre la religión y la política sinceramente me sorprendió y expuso sobre la fe en lo que a mí como lector me pareció un planteamiento aunque lapidario, revolucionario. La unión entre estos dos entes fue simplemente imperceptible, manteniéndose escondida, dando cara en pocas ocasiones a lo largo del texto, esperando mostrar su más absoluta unión practica en el explosivo final.

Lo motivos sentimentales que mueven al personaje durante toda la obra proveen al lector de una unión con éste, logrando conciliarse como uno solo y para que así el realismo social trabajado por Carlos, surja.

La conciliación entre el personaje y el lector a través de la obra le hacen formar parte de esta. Aclaro, a lo que me refiero con formar parte de la trama es de un ente omnisciente que sufre a flor de piel lo que ocurre durante la trama, y que la constante referencia que hace Adán hacia esta resulta en ubicarnos a nosotros mismos, sus lectores, en una posición en la que deseamos y sentimos que podríamos ayudarles.

Localizándonos en México, Carlos Fuentes logró por lo menos conmigo (y me atrevo a creer que con gran parte de su público en Latinoamérica) una afiliación ante los problemas que plantea, ya que estos son comunes y recurrentes en nuestra sociedad latina. Los triángulos amorosos, la corrupción política (especialmente los casos que expone), la problemática de la clase baja y sus necesidades y la decadencia de la alta, y por último el desligue entre los problemas sociales y los individuales hacia y con el individuo, quien sufre de las catástrofes mas no las extingue.

A fin de cuentas me complace decir que la obra de Adán en el Edén fue una sustanciosa lectura, llena de emociones pasivas pero aun así conmovedoras y que la simpleza con la que fue descrita me permitió disfrutarla y asimilarla como propia, uniendo mi realidad con la suya, con una política ajena que se hizo personal.

Atentamente.

Viktor.

Un Nobel al Hambre.

Doy inicio a mi opinión recordando a los aquí presentes que yo, novato del arte, lector sin lengua y sin ojos de reprimenda, he venido a hablar sobre textos de los más grandes, de los más nobles en el arte, sumido en mi más humilde opinión. Sin mayor intención que expresar aquello vivido en experiencias de páginas, en tinta vivida por otras plumas.

Hambre de Knut Hamsun es una obra cuyo dolor de un ‘‘Tal, de no sé qué’’ lleva el espíritu a momentos de suma agonía y aversión por el mero existir, rogando la simple invidencia del ser.

Viviendo los horrores de los pobres y las desventuras de los moralistas, un hombre cuyo nombre jamás es revelado, se sume en la más absoluta despersonificación, creo yo que, con la intención del autor de hacer vivir las situaciones que llegan a ofuscar la razón de este sujeto a su desprevenido lector.

La moral orgullosa del desconocido (como me gusta llamar al protagonista de la novela) lo lleva a torturarse a sí mismo en los más absolutos ayunos y humillaciones, hasta el punto de vomitar aquello que se llevaba a su boca y de descansar en una fría y húmeda habitación, sumido en las tinieblas con ninguna otra compañía que su desagradable y ofuscada razón.

Jugando de tal manera con los sentimientos de dicho personaje, en un vaivén de sueños que son destrozados, llegué a sufrir de manera increíble los desamores de este hombre. Su pasión por la escritura, la llegada de la musa y la pérdida de ésta, al ser arrancada vilmente de su pensar y siendo su única forma de subsistencia, su anhelo de tiempos pasados que fueron mejores y un perenne sentimiento del actuar socialmente bien, me hicieron relacionarme a un punto familiar con él, cosa que resultó desagradable, pero increíble.

Dicho esto debo recordar el amor, el imposible, el más absoluto y puro desconcierto de la mente del hombre. Éste fue perjurado, atacado, alimentado y cuidado, tantas veces, que casi podría llamársele un amor veterano de guerras. Ylajali es el nombre que se le da, Ylajali es el amor, es el símbolo de que más que beneficioso, resulta dolorosa su presencia. Aun así la narrativa utilizada da una muestra tan poética de dicha presencia, que su falta también seria dolorosa y por ende se hace necesaria en la obra, debido a la apacibilidad y calma que provee al lector en sus momentos de estabilidad. Me gustaría decir que alivió casi tanto mi lectura como en aquellos momentos en que la más mínima alegría, con un sentido real, o que un alimento llegaba y permanecía en su/mi cuerpo.

En resultado final, puedo, y me atrevo a decir que Hambre es una obra literaria donde el realismo es casi penetrante, y que aunque yo viva casi 100 años después de la realización de esta obra, ha podido trasmitirme y hacerme sufrir cada instante de las penurias de la vida del desconocido. Y más aún, me ha llevado a conocer los temores del espíritu que espero nunca poseer y este temor me permite decir que Hambre de Knut Hamsun, más que merecedora de un nobel, es merecedora de la mayor reverencia por parte de todo aquél que se atreva a hurgar sus páginas, pero ojo, aun así, no es libro para todos, es doloroso, advierto y doy cuidado a aquel que se atreva, y le digo, sufrirás.

Atentamente Viktor

Días Misántropos.

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        Es el reflejo del odio, incomprensible, vulgar y desagradable. La misantropía por definición es el desprecio o desapego de un ser humano hacia los de su misma especie. Días Misántropos de Leonardo Henríquez le da un extraño giro a la palabra.

La trama se desarrolla en manos de un tal Max, cuyo desprecio por los hombres se ve únicamente sosegado ante la presencia de los vicios: el alcohol, el cigarrillo, las drogas, el sexo, el dinero, etc.  Como personaje (al igual que la mayoría) no deja nada que desear, aunque a su vez no deja nada que anhelar. Son carentes de evolución, abnegados en un espacio y tiempo de los cuales son inamovibles. Típicos y repetitivos anti-héroes, tantas veces representados no como carentes de moral, sino defensores de alguna distinta a la socialmente aceptada, estos anti héroes (o como me gustaría englobarlos: megahumanos) son meramente personas naturales, carentes de la moral que no les conviene y cuyas conciencias se ofuscan ante el mas mínimo impulso placentero, se dejan sobrellevar y abandonan todo rastro de civilización, o quizás se alienan en un exceso de esta, quién sabe.

El asunto con las tramas es otro. El método utilizado para atrapar a los personajes en distintos espacios, aunque me pareció un tanto rebuscado, fue sumamente ingenioso, sobre todo por la variedad de los personajes que se hallan en cada escenario. Obligados por una fuerza ajenas a ellos, los personajes  siempre  se hallaban inmersos en situaciones incomodas, sometidos a compartir experiencias por los impulsos tácitos que hacen que dos desconocidos se conozcan.

Se podría decir entonces, que esta obra te atrapa, es veloz, con un sentido de la pertenencia tan voraz (por lo menos en mi caso) que te hace parte de la historia. Quizás es una obra un tanto ”Cliché”, sus panoramas, escenarios y personajes no nos traen nada nuevo, pero a su vez nos traen tanto de nosotros mismos, que ya conocíamos, que nos sobrecogen y al llevarlo a sus respectivas hipérboles podría decirse que nos hace sentir en casa, con un padre que nos asusta, una madre que nos decepciona y una familia que nos lleva a abrazar lo que mas despreciamos de nosotros mismos.

Me atrevo a decir que es una buena obra, donde mi ser se encontró con la mierda que no quería encontrar.

Pero a fin de cuentas, ¿Quién soy yo para juzgar? soy el producto ficticio de la mente.

Atentamente Viktor